La Navidad siempre fue una tradición enraizada en Cuba, se interrumpió durante casi cuarenta años con la Revolución comunista y resurgió a partir de 1998 con la visita del Papa Juan Pablo II, quien obtuvo el día feriado para el 25 de diciembre.

Pero la tolerancia hacia la religión no se hizo evidente hasta el 2010, cuando Raúl Castro entabló un diálogo con los obispos cubanos, restituyendo a la Iglesia los inmuebles confiscados en los años 60 y permitiendo que se difundieran exiguos mensajes navideños por televisión, algo impensable con su hermano en el poder.

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